Un gallo para Esculapio.

 


"Gallo que no canta, algo tiene en la garganta." (Refrán)

Esculapio para los antiguos griegos es el dios de la medicina. El filósofo Sócrates (470 aC-399 aC), en su lecho de muerte, le ordena a su discípulo Critón que ofrezca un gallo a la divinidad. El canto de esta ave de corral suena a un “quiquiriquí,” movido por su reloj biológico que anuncia el avance de la luz sobre la oscuridad. Cuando se lo escucha al amanecer coincide con la salida del sol. 

Esta ave macho se destaca por su cresta roja, su plumaje vistoso y sus espolones puntiagudos en sus patas. Su función es fecundar a la gallina para posibilitar el nacimiento de nuevos pollitos. La sabiduría popular, para remarca la autoridad o liderazgo de alguien, afirma: “Todo gallo canta en su gallinero.” Si se presentan situaciones dudosas o clandestinas, se suele decir que ocurren “entre gallos y medianoche.” Su figura metálica engalana algunas veletas y simboliza la atención y el estado de alerta a la dirección de los vientos. Cuando sucede algo con rapidez, se comenta: “En menos de lo que canta un gallo.” 

El ofrecimiento al dios de la sanación era una forma de agradecimiento, cuyo valor espiritual estaba inserto en su cultura. Por eso Sócrates le encarga a su discípulo Critón que no se descuide y ofrezca en sacrificio un gallo a Esculapio.

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