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Cocoliche.

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 “A buen entendedor, pocas palabras bastan.” (Refrán) La inmigración europea influyó en el litoral del Río de la Plata. Al entreverarse el idioma español con dialectos italianos forzó un lenguaje connotativo expresivo, con palabras intermedias. Se lo llamó cocoliche en insinuación a un personaje circense grotesco, por demás ridículo, pero cómico. Ese léxico es la expresión oral de un grupo de migrantes, surgidos a partir de 1880. Lo hablaban los venidos de Italia, necesitados de comunicarse, con escasos conocimientos del idioma local. Prevalecieron en su terminología inicial palabras derivadas de dialectos italianos. Además, se hermanó con el lunfardo, ese vocabulario que surgió en la ciudad de Buenos Aires, a fines del siglo XIX. El cocoliche y el lunfardo están signados por la geografía y el tiempo. El primero quedó relegado al menguar la inmigración. El segundo mantiene su vigencia en las letras de los tangos. Ambos se insertaron en el habla popular, pero al margen del vocabular...

Ser en relación

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“Quien sólo vive para sí, está muerto para los demás.” (Publio Siro) El individuo que convive con otros, según los usos y costumbres, se socializa. La coherencia en las convicciones compartidas fortalece la personalidad. El proceder ético consolida las relaciones humanas, acorde con una escala de valores. El estadista estadounidense Theodore Roosevelt (1858-1919) por su experiencia atestigua: “El ingrediente más importante en la fórmula del éxito es saber llevarse bien con las personas.”.  El psiquiatra y filósofo alemán Karl Theodor Jaspers (1883-1967) asevera: “La comunicación es el más hondo problema de filosofar,” establece que el individuo, para consolidar su idiosincrasia, necesita involucrarse con los demás. Esta aseveración es la tesis de su filosofía existencial.  Quien se encierra en sí mismo, se aísla y propicia un individualismo egoísta. La indiferencia es reprobada por la sabiduría popular: “El mayor desprecio es no hacer aprecio.” El no estimar al prójimo es perj...

El cuaderno.

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 “Lo escrito, escrito está.” (Poncio Pilatos)  Aún es actual, a pesar del tiempo transcurrido, lo dicho por el gobernador romano de Judea, quien aseveró que los hechos perduran más si se los dejan por escrito. A modo de complemento, el refrán enseña: “Las palabras vuelan, y lo escrito permanece.” Por eso, el cuaderno es útil para dejar constancia de lo ocurrido. Este elemento, tal como hoy se lo conoce, fue inventado en 1929 por el australiano J, A. Birchal.  La invención del cuaderno es más reciente que la del papel, cuya innovación es atribuida a los chinos (siglo II a. C). Pero, recién a comienzos del siglo XX se adhirieron sus hojas, con pegamento o con una espiral de alambre. Esos folios atestiguan los pensamientos de quien escribe a mano alzada, sus ideas quedan expresadas por los trazos ligados de las sucesivas letras y palabras.  El poeta y ensayista argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) dice: “Cuando uno escribe, el lector es uno.” Eso se da porque surge u...