El salero, su majestad.
Este recipiente, que resguarda la sal utilizada en los quehaceres gastronómicos, tiene apreciaciones dispares. Para unos, es indispensable para sazonar los alimentos y satisfacer los gustos personales. Para otros, es enemigo declarado de todo paladar y se lo aleja de los comensales. Hasta el siglo XV se tenía por costumbre extraer la miga de un trozo de pan y en su hueco se colocaba el apetecido cloruro de sodio para servirse de él. Benvenuto Cellini, (1500-1571) reconocido orfebre italiano, fue quien entregó su obra de arte a Francisco I Rey de Francia diciéndole: El salero, su majestad. Tarea que realizó en el período que va desde los años 1540 hasta 1543. Entre los materiales que utilizó se encuentran el ébano, los esmaltes, la plata y el oro. Su altura es de 26 centímetros y su largo mide 33,5 centímetros. Actualmente está valuado en 50 millones de euros y se lo guarda en el Museo de Bellas Artes de Viena (Austria). Antaño, el negocio de la sal tenía un...