sábado, 21 de diciembre de 2013

El arbolito, un pesebre y dos emperadores


Antiguas costumbres europeas consideraban ciertos árboles como sagrados, entre ellos el roble, el abeto y también el pino. De ahí la tradición de adornar un arbolito en conmemoración de las festividades navideñas. Las lucecitas de colores que lo engalanan son en alusión a las supuestas flores que se abrieron en Noche Buena y la estrella adosada en su extremo superior simboliza a aquella que guió a los Reyes Magos camino a Belén. 

San Francisco de Asís (1182-1226) fue quien ideó el primer pesebre. En diciembre de 1223 explicó el significado de la navidad a los aldeanos de la región de Greccio, situada en el centro—sur de Italia. Para ello ubicó en un establo a un burro y a un buey junto a una imagen del niñito Jesús reclinado en una cuna de paja. Esta enseñanza didáctica fue para advertir que Cristo nació en un refugio donde unos pastores guardaban su ganado, a las afueras de Belén, porque no había hospedaje para María y José en esa ciudad.

La localidad de Belén se halla a unos ocho kilómetros al sur de Jerusalén. El emperador Adriano (76-138) quiso borrar todo vestigio del nacimiento de Jesucristo y sobre la cueva en la cual había nacido hizo edificar un templo dedicado Adonis, el dios de la vegetación. Dos siglos después, en ese mismo lugar, el emperador Constantino (272-337) hizo construir una iglesia que se la conoce como la basílica de la Natividad. Adriano y Constantino,  dos emperadores romanos  que reafirmaron una verdad histórica.

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