sábado, 30 de septiembre de 2017

No doy, no fío, ni presto


“La confianza mata al hombre.” (Refrán)

En lugares donde se adquieren productos o brindan servicios suele haber diversas informaciones.
A veces, el cliente reclama algo a modo de regalo que incomoda al comerciante. De ahí que éste advierte: “Si doy, pierdo la ganancia de hoy.”
Como también: “Si doy, a la ruina voy.” 
El consumidor cuando económicamente está necesitado, en un exceso de confianza, pide fiado. El vendedor para contrarrestar esa demanda exhibe un cartelito que dice: “Si fío, pierdo lo mío.” Algunos señalan irónicamente que:
“Hoy no se fía, mañana sí.” Pero, la advertencia es inalterable en los días sucesivos y así todo el año.
Si alguien requiere dinero prestado o alguna herramienta, esa petición se resuelve a modo de excusa explicando que: “Si presto, al pedir la devolución se molestan o me hacen algún gesto.”
Las excepciones a las exigencias forjan claudicaciones pero, si de solidaridad se trata, está en cada uno saber discernir. El sentido común inteligente y prudente indica cuando y a quien se le debe decir que “no doy, no fío, ni presto.”

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