martes, 30 de julio de 2019

Pindonga y cuchuflito.


“Las palabras no pueden herir, las personas que las pronuncian sí.” (Refrán)

Si de apelativos se trata, existe un abanico de nombres sustitutos para identificar a personas o cosas. El ingenio popular se agudiza al descubrir en el prójimo similitudes faciales o comparar a otros por sus condiciones o cualidades

En el lenguaje coloquial y con tono despectivo el vocablo “pindonga” apunta a la mujer de conducta dudosa que deambula por las calles. Es así como lo considera el diccionario de la Lengua Española. El filósofo francés Voltaire (1694-1778) es un defensor de la tolerancia y de la libertad, destacándose en el período de la Ilustración, pregona que: “Todo es soportable salvo el desprecio.”

En cambio “cuchuflito” no aparece en el mencionado catálogo. Pero, en la zona del Río de la Plata es una alusión a algo insignificante, desconociéndose su etimología. En esa región, entre los años 1962 y 1963 se conoció con ese apelativo a un simpático personaje del programa televisivo: “Telecómicos.”

El filósofo Baruch Spinoza (1632-1677), nacido en Ámsterdam, Países Bajos, reflexiona diciendo que: “He realizado un esfuerzo incesante por no ridiculizar, lamentar, ni despreciar las acciones humanas, si no por comprenderlas.” Este pensador se ajusta al refrán que dice: “Una cosa es ser sincero y otra cosa es ser grosero.” De ahí que se ha de ser cuidadoso con el apodo pindonga y cuchuflito.

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