martes, 29 de septiembre de 2015

Alguna celestina


“Los ojos se van donde los amores están.”
(Refrán)

En 1499 el dramaturgo español Fernando de Rojas (1465-1541) publicó la tragicomedia “La Celestina.” En ella describe la experiencia de sus personajes en los diversos aspectos del amor humano. Lo considera como una transacción comercial en la cual “tú me das, yo te doy” con la intención de obtener dinero o placer. Se lo puede apreciar en el afán de poseer al otro como una enfermedad obsesiva. También puede ser calificado como una pasión fogosa e intensa. La intención pedagógica del autor es advertir sobre los alcances de la locura del amor que afectan el orden establecido.

En el lenguaje familiar se dice que alguien procede como “una celestina” cuando intercede ante otros para facilitar relaciones que se quieren ocultar. Es un intermediario encubierto, que en el caso de los enamorados hace de correo. (“correveidile”) Es frecuente la aplicación de ese apelativo a la mujer que hábilmente facilita las relaciones entre parejas.

La descripción que hace Fernando de Rojas es una aguda observación de la realidad vigente hasta nuestros días. De ahí que a veces suele surgir, como anécdota o dato informativo, el recuerdo de alguna celestina.

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