lunes, 29 de diciembre de 2014

Tíos, buzones y tranvías.


“En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.” (Refrán)

A veces se escucha que alguien, por su inocencia y codicia, fue engañado por un hábil embaucador que le hizo “el cuento del tío”. El estafado perdió su dinero creyendo haber hecho un buen negocio que no fue tal. En forma figurada se dice que “le vendieron un buzón” o “se compró un tranvía.”

En 1826 el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata aprobó la Dirección General de Correos, Postas y Caminos. Al frente de la misma estuvo Juan Manuel de Luca por espacio de 32 años. Su sucesor Gervasio Antonio de Posadas instaló los primeros buzones en la ciudad de Buenos Aires. 

El servicio de correos ubicaba buzones en lugares visibles para que depositaran las cartas. Luego, en tiempo y forma, el cartero las entregaba a sus destinatarios. La tecnología superó esas urnas que durante siglos cumplieron una función social. 


A partir de 1863, el primer tranvía circuló por las calles de Buenos Aires movido por caballos. Un siglo después, el 19 de febrero de 1963, los últimos dejaron de andar a pesar que sus motores fueran impulsados por la electricidad. 

En algún momento, ¿quién no escuchó admirado los cuentos y anécdotas de un pícaro tío? Por casualidad, ¿alguien le vendió un buzón? o ¿se compró un tranvía?

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